Parroquia

Nuestra Señora de los Ángeles

Serra, Valencia

"Criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor Nuestro"
San Pablo (Rm. 8, 39)

Homilías

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Homlia Tercer Domingo de Adviento (ciclo A)

Desde hace varias semanas, la programación de las cadenas de televisión incluye películas "navideñas", que llevan títulos como "Milagro en Navidad", "Todo es posible en Navidad"… y cuyos argumentos suelen ser muy similares: personas que están en una situación apurada y por ser Navidad, todo se soluciona por arte de magia. A todos nos gustaría que las cosas fuesen así, que ocurriesen esos "milagros" y se arreglasen los problemas, pero como la vida real es otra cosa, son muchas las personas que a medida que se acerca la Navidad se sienten cada vez más desengañadas y no sólo ya no se espera la Navidad, sino que ni siquiera se cree ni espera a Quien da sentido a la Navidad, más allá del sentimentalismo y sensiblería con que rodeamos estas fechas: a Jesús.

Pero la Palabra de Dios de este tercer domingo de Adviento es una llamada a esperar y encontrar el verdadero "milagro en Navidad". Porque el milagro se sigue produciendo, pero tenemos que aprender a descubrirlo, porque no es como nosotros a veces imaginamos. Lo primero que tenemos que entender es que los milagros de Dios no son como los de las películas, y por eso necesitamos saber cómo actúa Dios. La 1ª lectura nos ha dado algunas pistas: Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará, pena y aflicción se alejarán… No nos quedemos en el sentido literal, inmediato, porque entonces nos quedaremos decepcionados, pensando que el "milagro" no se produce, porque sigue habiendo personas con discapacidades. Fijémonos en que el profeta hace referencia a todos los sentidos humanos, incluyendo los sentimientos, para indicarnos que el milagro de Dios es algo que nos afecta personalmente, profundamente, a todo nuestro ser, más allá de lo físico y material.

Y lo segundo que debemos entender nos lo ha dicho el propio Jesús en el Evangelio. Él sabe que podemos sentirnos decepcionados, desengañados porque esperamos ese "milagro" que no se produce, y que le preguntamos: ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro? Y nos responde que para encontrar el "milagro en Navidad" tenemos que aprender a "ver" la realidad como Él: Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. Y de nuevo no debemos quedarnos en el sentido literal o inmediato, en lo exterior, sino profundizar en la realidad para descubrir los signos de su presencia en las personas, signos aparentemente pequeños e insignificantes pero que transforman totalmente la vida de quienes acogen a Cristo, dándoles fuerza y esperanza a pesar de los condicionantes externos. Por eso nos avisa: ¡Y dichoso el que no se escandalice de mí!, porque así es como viene Dios a nosotros, ése es el verdadero milagro, no sólo en Navidad, sino durante todo el año. De ahí la recomendación de la 2ª lectura: Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor… manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca. No nos sintamos desencantados o defraudados porque no vemos los "milagros" que quisiéramos. La Navidad está cerca: Cristo, el verdadero "milagro en Navidad" está cerca… viene ahora a nuestro encuentro en cada hombre y en cada acontecimiento para que lo recibamos en la fe, para transformar de verdad todo nuestro ser, toda nuestra vida.

No nos dejemos atrapar por imágenes falsas de la Navidad que sólo consiguen desengañarnos y defraudarnos. Hagamos nuestra la oración colecta: concédenos llegar a la Navidad, fiesta de gozo y salvación, y poder celebrarla con alegría desbordante. Encontremos el verdadero "milagro en Navidad" para cumplir lo que nos pide Jesús en este tiempo de nueva evangelización: Id a anunciar lo que estáis viendo y oyendo.

  • primera lectura: Lectura el libro de Isaias 35, 1-6a. 10

     El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estepa, florecerá como flor de narciso, se alegrará con gozo y alegría. Tiene la gloria del Líbano, la belleza del Carmelo y del Sarón. Ellos verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios. Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes; decid a los cobardes de corazón:

    -- Sed fuertes, no temáis.

    Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite; viene en persona, resarcirá y os salvará. Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará. Volverán los rescatados del Señor, vendrán a Sión con cánticos: en cabeza, alegría perpetua; siguiéndolos, gozo y alegría. Pena y aflicción se alejarán.

    Palabra de Dios

  • salmo responsorial: Salmo 145

     R.- VEN, SEÑOR, A SALVARNOS.

    El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente,
    hace justicia a los oprimidos,
    da pan a los hambrientos.
    El Señor liberta a los cautivos. R.-

    El Señor abre los ojos al ciego,
    el Señor endereza a los que ya se doblan,
    el Señor ama a los justos,
    el Señor guarda a los peregrinos. R.-

    Sustenta al huérfano y a la viuda
    y trastorna el camino de los malvados.
    El Señor reina eternamente;
    tu Dios, Sión, de edad en edad. R.-

  • segunda lectura: Lectura de la carta del Apóstol Santiago 5, 7-10

     Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra, mientras recibe la lluvia temprana y tardía. Tened paciencia también vosotros, manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca. No os quejéis, hermanos, unos de otros, para no ser condenados. Mirad que el juez está ya a la puerta. Tomad, hermanos, como ejemplo de sufrimiento y de paciencia a los profetas, que hablaron en nombre del Señor.

    Palabra de Dios

  • evangelio: Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 11, 2 - 11

     En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos:

    -- ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?

    Jesús les respondió:

    -- Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se sienta defraudado por mí!

    Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan:

    -- ¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: "Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti”. Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.

    Palabra del Señor

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