Parroquia

Nuestra Señora de los Ángeles

Serra, Valencia

A todo puedo hacerle frente pues Cristo es quien me sostiene.
San Pablo (Fil 4, 13)

Homilías

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Homilia XXXIII domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo A)

Estamos en el final del año litúrgico; año que comienza en el adviento y termina en el domingo de Cristo rey del universo, que celebraremos el próximo domingo, como clausura también de este llamado "Año de la Fe".

Al final del año, como al final del tiempo, se nos habla de realidades últimas: del final del mundo; por eso la dificultad de hablar de este tema. Los cristianos, es verdad, como confesamos al final de nuestro Credo, esperamos "la vida del mundo futuro".; es decir un mundo, otro mundo que está por venir.

Hoy, la primera lectura nos habla —de un modo alegórico—, del final del mundo y de una especie de juicio final, en el que los malvados serán paja que se quemará y a los que honran el nombre de Dios los iluminará un sol de justicia que lleva la salud en las alas.

En la segunda lectura escuchamos como algunos, creyendo en la inmediatez del final de los tiempos, habían dejado de trabajar. ¿Para qué preocuparse de las cosas si dentro, como quien dice "dos días" se acabará este mundo? San Pablo les dice a estos que "quien no trabaje que no coma".

Así, pues, siempre ha habido esta preocupación por "adivinar" o saber como y cuando ocurrirá, quizás para muchos "temible", fin del mundo.

Tan es así que también en el texto del evangelio vemos que se pregunta a Jesús: ¿Cuándo sucederá todo eso? y ¿Cuál será la señal de que todo eso está para suceder? Jesucristo no contesta a la primera pregunta, porque, como dice en otro pasaje, "no sabemos ni el día ni la hora". Si contesta a la otra pregunta.

Las señales que tenemos son:

- Que algunos vendrán en su nombre diciendo que está por suceder. Ya ocurrió al llegar el año mil, y también, en menor medida, en el dos mil, cuando grupos sectarios exaltaban las masas. Jesús nos alerta: No hay que hacerles caso.

- Habrá guerras, revoluciones, terremotos, epidemias y hambre. Como veis son señales que se dan en nuestro mundo actual; recientemente el "tifón" en Filipinas, el terremoto en Haití, o el ya más lejano en el tiempo Tsunami en Tailandia. Algunos pueden pensar por ello que el final del mundo está cerca. Pero también es verdad que todos estos cataclismos han ocurrido siempre, ahora por la globalización de los medios de comunicación conocemos hasta el más mínimo incidente que ocurre en la otra parte del planeta y, por ello, pensamos ocurren con mayor intensidad.

- La tercera señal que da Jesucristo es que perseguirán a los cristianos y los odiarán por causa de mi nombre. Y yo pregunto: ¿cuándo no han perseguido a los cristianos? La persecución es consustancial al ser cristiano. El cristiano que lo es de veras siempre choca con el mundo, con la injusticia, con la insolidaridad. Para los poderes públicos el evangelio siempre es una voz incómoda.

En el contexto que se escribe el Evangelio de Lucas, que hoy hemos leído, está la destrucción de Jerusalén y su Templo por parte de las legiones romanas del emperador Tito (año 70 d.C.) y las primeras persecuciones contra las comunidades cristianas.

¿Nos persiguen a nosotros hoy por ser cristianos? Creo que no; no tengamos pues temor, no está por llegar el final del mundo. No obstante, mal signo sería, si somos auténticos cristianos, no suframos algún tipo de incomprensión o persecución; porque vivir cristianamente en nuestros ambientes sí supone un choque con quienes viven desde otros valores. No hay que hacer nada más que mirar el panorama político actual para comprobar como la doctrina de la Iglesia choca con propuestas políticas en materias como la familia, la vida y la educación… Ante ello, Jesús nos anima a ser fuertes, a no dejarnos "bambolear" por los huracanes o los vientos que soplan en nuestra contra: "Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas".

Desde esta perspectiva yo os invito a releer el Evangelio como algunos exégetas (intérpretes) de la Biblia nos recomiendan hacerlo: cuando Jesús habla del fin del mundo está hablando del fin del mal en el mundo. Habrá catástrofes, falsos mesías, persecuciones, sí, pero al final de todo el Bien vencerá, el Reinado de Dios se hará visible.

Visto desde esta perspectiva, hoy y ahora, todos tenemos que ponernos manos a la obra porque el tiempo que nos queda es poco. El fin del mundo a todos nos llega, pronto o temprano, cuando nos sorprende la muerte; y debemos estar preparados para que en ese momento Dios reine en nosotros, que vivamos ya el bien que nos aguarda en la vida eterna.

Con San Pablo podemos concluir que, mientras no sucede ese momento, nos toca dar testimonio y trabajar para que el Señor, y su mensaje, sean conocidos. ¿Hacemos todo lo posible para que el evangelio sea más extendido en todos los rincones de nuestro mundo?

La semana pasada hubo en Valencia un congreso llamado "Parroquia y Nueva Evangelización", también hoy dedicamos esta jornada para reflexionar entorno a la Iglesia diocesana.

Pues bien, en ese congreso, se nos exhortó a que hoy más que nunca, es necesario presentar a Dios mismo como esa luz que ilumina toda sombra y es razón de auténtica esperanza para el hombre.

Hoy, nuestro entorno más inmediato, es campo de misión, no podemos dar por supuesto nada, incluso el estar bautizado no es garantía de coherencia de vida con el Evangelio, ni lo es estar tres años en la catequesis. Verdad es, algo quedará, pero los ritmos del mundo y las actitudes van por otro sentido. Están los que creen, los que no creen, los que no se plantean ni creer o no creer, los que han creído y ahora ni viven ni celebran ni se cuestionan la fe. Más que nunca es necesario realizar un Primer Anuncio: Jesús es Vida, Jesús es Dios y Dios nos salva, nos da felicidad, esperanza.

La tarea es nuestra —no sólo de los curas—, de toda la parroquia. El mejor mensaje se da cuando en nuestra vida se refleja aquello que creemos, cuando no nos avergüenza manifestarnos como creyentes.

Podremos presentar el mensaje, quizás de un modo más atractivo, aprovechándonos de las nuevas técnicas de la comunicación, de las ventajas de esta era digital, etc.. Crear nuevos grupos, asociaciones, movimientos, pero al final, en definitiva lo que cuenta es nuestro testimonio personal. Es nuestra responsabilidad, y también nuestra culpabilidad, no ser eficaces transmisores de la fe.

Hoy, como desde hace siglos, se podrá seguir hablando si estamos en una etapa final de la historia, del hombre y del mundo mismo. ¿Qué hacer? ¿Cómo reaccionar? ¿Hacia dónde caminar? Las pistas nos las ofrece el evangelio de este día: "No hagáis caso".

Estamos en la hora del testimonio. Nos toca, hoy más que nunca, separar la paja del trigo, la auténtica fe de la religión a la carta. ¿Qué conlleva todo ello? Incomprensión, persecuciones o incluso el intento sistemático de reducir lo religioso al ámbito privado.

¿Vale la pena creer y esforzarse por el Reino de Dios? ¿Vendrá el Señor a nuestro encuentro? ¿Seremos capaces de aguantar o de soportar las arremetidas que, constantemente, brotan desde la "visceralidad" de algunas ideologías dominantes? ¡Claro que sí! Recordemos aquello de cómo una gota de agua, con su persistencia, fue capaz de romper con el paso de los años la firmeza de una roca.

Frente a la realidad que el hombre y el mundo acabarán, se nos recuerda algo que nos llena de esperanza: Dios ofrece su salvación, y debemos ser propagadores de esa Buena Noticia al mundo.

Hermanos, que el Señor nos acompañe en nuestro deseo de transformar el mundo y, de prepararlo también, para que cuando Él vuelva encuentre gente amándole, siguiéndole y dando la cara por su Evangelio. Que vivamos esta Eucaristía como fiesta que es de encuentro con Jesús, para que Él siempre avive nuestra esperanza y nos de fortaleza en el testimonio para que pronto se establezca su Reino entre nosotros.

Que así sea.

  • primera lectura: Lectura de la profecia de Malaquias 3, 19 - 20a

     Mirad que llega el día, ardiente como un horno: malvados y perversos serán la paja, y los quemaré el día que ha de venir --dice el Señor de las Huestes--, y no quedará de ellos ni rama ni raíz. Pero a los que honran mi nombre los iluminará un sol de justicia que lleva la salud en las alas.

    Palabra de Dios

  • salmo responsorial: Salmo 97

     R.- EL SEÑOR LLEGA PARA REGIR LA TIERRA CON JUSTICIA.

    Tocad la cítara para el Señor,

    suenen los instrumentos:

    con clarines y al son de trompetas,

    aclamad al Rey y Señor. R.-

     

    Retumbe el mar y cuanto contiene,

    la tierra y cuantos la habitan;

    aplaudan los ríos, aclamen los montes,

    al Señor, que llega para regir la tierra. R.-

     

    Regirá el orbe con justicia,

    y los pueblos con rectitud. R.-

  • segunda lectura: Lectura de la segunda carta del Apostol San Pablo a los Tesalonicenses 3, 7 - 12

     Hermanos:

    Ya sabéis cómo tenéis que imitar nuestro ejemplo: No vivimos entre vosotros sin trabajar, nadie nos dio de balde el pan que comimos, sino que trabajé y me cansé día y noche, a fin de no ser carga para nadie. No es que no tuviera derecho para hacerlo, pero quise daros un ejemplo que imitar. Cuando viví con vosotros os lo dije: el que no trabaja, que no coma. Porque me he enterado de que algunos viven sin trabajar, muy ocupados en no hacer nada. Pues a esos les digo y les recomiendo, por el Señor Jesucristo, que trabajen con tranquilidad para ganarse el pan.

    Palabra de Dios

  • evangelio: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 21, 5 - 19

     En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo:

    --Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.

    Ellos le preguntaron:

    --Maestro, ¿Cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?

    Él contestó:

    --Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: "Yo soy", o bien: "el momento está cerca"; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida.

    Luego les dijo:

    --Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo. Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a los tribunales y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre: así tendréis ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.

    Palabra del Señor 

Parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles. Serra, Valencia
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