Parroquia

Nuestra Señora de los Ángeles

Serra, Valencia

"Por esto, queridos hermanos, manteneos firmes, inconmovibles, trabajando más y más en la obra del Señor, sabiendo que el Señor no dejará sin recompensa vuestro trabajo"
San Pablo (1 Cor. 15, 57)

Homilías

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Homilia Solemnidad de Santa Maria, Madre de Dios

Es de justicia comenzar el año deseándonos lo mejor, mucha felicidad y que la podamos compartir con los que más queremos. Es la manera de expresarlo que tiene el libro de los números en la primera lectura que hemos escuchado: "El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz".

Es un deseo lleno de esperanza para todos nosotros, que podamos seguir descubriendo a Dios cerca de nosotros, y que el Señor nos conceda la paz.

Es seguro que esta frase "feliz año nuevo" es hoy la más repetida en el mundo entero. Los cristianos somos ciudadanos del mundo y también nosotros, cuando nos encontramos hoy con cualquier amigo, o conocido, lo primero que le decimos es "¡feliz año nuevo!". Por eso, es importante que digamos esta frase con verdad y con sinceridad.

En este primer día del año debemos levantarnos con un alma nueva, llena de generosidad y de amor hacia todas las personas. Debemos tirar a la calle del tiempo pasado todos nuestros resquemores, odios y antipatías, hasta nuestros malos pensamientos.

Celebramos hoy, por iniciativa de Pablo VI, la jornada mundial de la paz; y este año, el Santo Padre, con su mensaje nos invita a poner el acento en la fraternidad como fundamento y camino para la paz. El propio papa Francisco es todo un ejemplo de esa «cultura del encuentro» que nos anima a promover. La fraternidad, el sentirnos hermanos los unos de los otros, hijos de un mismo Padre, nos debe servir, a nosotros como cristianos, dar un rostro más humano al mundo, superando divisiones, conflictos, guerras, pobreza, desigualdad… promoviendo de ese modo la paz y el entendimiento entre todas las naciones, entre todos los hombres que somos hermanos.

En este primer día del Año Nuevo queremos, y debemos, levantarnos con una mirada y con un corazón recién estrenado, para poder desear, de todo corazón, a todas las personas a las que nos encontremos que tengan "¡un feliz año nuevo!". A todos, sin exclusivismos, pero principalmente a aquellas personas con las que más frecuentemente convivimos y tratamos. La felicidad es enemiga del rencor y de las malas intenciones, la felicidad se alimenta y crece con el perdón y con el amor.

En este primer día del año 2014 vamos a pedir a Dios que nos dé un corazón grande y generoso, que sea capaz de decir con verdad y sinceridad a todo el mundo: ¡FELIZ AÑO NUEVO!

La liturgia de este primer día del año recién estrenado nos hace dirigir la mirada hacia María. A María con el mejor título con el que podemos referirnos: "Madre de Dios".

María, con su maternidad recién estrenada, es la mejor garantía para ingresar en un nuevo año. Una excelente manera de iniciar los primeros pasos de unos meses por los cuales hemos brindado con los mejores deseos. Pero, qué duda cabe, sobre los que de antemano se ciernen las mismas dudas y sombras que intentamos dejar colgados en la percha de las viejas pesadillas en la última noche del año que acabamos de despedir.

Leyendo la infancia de Jesús, nos encontramos frente a frente, aunque sea muy brevemente, con la figura maternal de María.

Corriendo fueron los pastores y ¿a quién hallaron? A Jesús, José y María. Es aquí, donde como cristianos, acertamos la razón suprema para ponernos en marcha con María: Jesús nos espera. Y, si lo hacemos con María, hay más probabilidades de llegarnos hasta Él con éxito, sin perdernos.

¡Vayamos deprisa! Convencidos de que, un año con Dios, es el mejor.

Como María también nosotros estamos llamados a guardar a Jesús, como el mejor tesoro, en nuestro corazón.

Conservar en el corazón, las cosas de Dios, implica mirar a María, seguir su ejemplo. Recoger de cada año que pasa, lo que merece la pena y dejar pasar lo que no lo merece. Con María, este año que nace es una posibilidad para rechazar aquello que nos aleja de Dios y quedarnos con lo que nos lo acerca.

Hoy, 1 de enero, podemos hacer el compromiso de no malograr el encuentro con Aquel que ha venido a nosotros esta Navidad, Aquel que se ha hecho uno como nosotros, Emmanuel, Dios con nosotros. Un compromiso a conservar en el corazón lo realmente importante: Dios.

¿Estamos dispuestos a conservar, como María, o a dejar escapar la gracia como los cántaros agrietados dejan perder el agua fresca y cristalina?

En el fondo, como siempre, una reflexión: ¿Qué es para nosotros Dios? ¿Y la fe o el Evangelio? ¿Y nuestra Iglesia? ¿Estamos dispuestos a preservarlos como joyas propias, intrínsecas e irrenunciables?

En el nuevo año se nos da muchas oportunidades: para optar por el bien o para aferrarnos al mal; para caminar por la senda de la justicia o para malgastarnos por los atajos de los intereses propios; para volar sobre la gracia de Dios o, por el contrario, para caernos por las alcantarillas de la mediocridad.

En el Año Nuevo, Santa María Madre de Dios, nos anima y nos empuja. Nos alienta a ser seguidores, ("fans", "forofos") de un Hijo que se nos ha dado en lo callado y apartado de una gruta de pastores a las afueras de la ciudad, del mundo, de la sociedad.

Pobre vino, humilde nació…y, en muchas personas, humildemente y pobremente vivirá, atenazado por tantas presiones a las que están sometidas nuestras personas, nuestras vidas, nuestros ideales o nuestro crecimiento espiritual.

Santa María, Madre de Dios, este primer día del año, acompáñanos, condúcenos, ayúdanos a conservar, todas las cosas santas, que en estos días de Navidad estamos viviendo. Que no las perdamos durante el resto de los días del año.

Pidamos también a María, en esta Jornada mundial de oración por la paz, que nos ayude a ser constructores de esa paz tan ansiada. Paz en las casas, en las familias, en los barrios, en los pueblos, entre los países y naciones, paz en el mundo. Que el canto de los ángeles en la noche de la Navidad "... y paz a los hombres que ama el Señor" no deje de resonar en nuestro interior para propiciar cauces y caminos de encuentro, entendimiento y respeto en esa fraternidad universal que nos señala el Santo Padre.

Que así sea.

  • primera lectura: Lectura del libro de los Números 6, 22 - 27

     El Señor habló a Moisés:

    -- Di a Aarón y a sus hijos: Esta es la fórmula con que bendeciréis a los israelitas: El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor; el Señor se fije en ti y te conceda la paz. Así invocarán mi nombre sobre los israelitas y yo los bendeciré.

    Palabra de Dios

  • salmo responsorial: Salmo 66

     R.- EL SEÑOR TENGA PIEDAD Y NOS BENDIGA.

     

    El Señor tenga piedad y nos bendiga,

    ilumine su rostro sobre nosotros:

    conozca la tierra tus caminos,

    Todos los pueblos tu salvación. R.-

     

    Que canten de alegría las naciones,

    porque riges el mundo con justicia,

    riges los pueblos con rectitud,

    Y gobiernas las naciones de la tierra. R.-

     

    Oh Dios, que te alaben los pueblos,

    Que todos los pueblos te alaben.

    Que Dios nos bendiga, que te teman

    Hasta los confines del orbe. R.-

  • segunda lectura: Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas 4, 4 - 7

     Hermanos:

    Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción. Como sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: "¡Abba!" (Padre). Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.

    Palabra de Dios

  • evangelio: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 2, 16 - 21

     En aquel tiempo los pastores fueron corriendo y encontraron a María y a José y al Niño acostado en el pesebre. Al verlo, les contaron lo que les había dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que había visto y oído; todo como les había dicho. Al cumplirse los ocho días tocaba circuncidar al niño y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

    Palabra del Señor

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