Parroquia

Nuestra Señora de los Ángeles

Serra, Valencia

Al principio creó Dios el cielo y la tierra
(Génesis 1,1)

Homilías

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Homilia Solemnidad de la Natividad del Señor (Misa del dia)

Feliz Navidad a todos.

Esta es la gran noticia de esta mañana: Dios nos habla en su Palabra, que es Jesús. Una sola Palabra, pero ¡qué Palabra! Una Palabra que nos sabe a Dios. Mucho mejor, una Palabra que es Dios en persona: Jesucristo.

Dios ha nacido, forma parte de nuestra historia, para que nosotros gustemos de su historia, de su proyecto y de su vida. Desde ahora formamos parte de Él. Hoy nos dejamos emocionar por esta Palabra, por un gesto y una mirada. Dios que nos habla, que nos toca, que nos mira. Navidad es la caricia de Dios, el abrazo de Dios a todo ser que alienta, que tiene vida. El beso de ternura de Dios a toda la humanidad.

Pero la clave, como siempre está en nuestra libertad, está en cómo recibimos nosotros la Palabra. Ella acampa entre nosotros, toma nuestra condición, "se hace hombre para divinizarnos a nosotros", "se abaja para levantarnos".

Ahora Jesús viene a nosotros y podemos descubrirle en los pobres y necesitados. Muchas veces no le queremos ver cuando llama a nuestra puerta, le rechazamos como fueron también rechazados José y María buscando posada en Belén. Este el gran drama del hombre: el rechazo de Dios y del hermano. Es significativo ver cómo tuvieron que ir fuera de los muros de la ciudad, cómo los primeros que se dieron cuenta del nacimiento de su hijo fueron los excluidos de aquella época, los pastores, quienes eran mal vistos porque nunca participaban del culto como los demás y vivían al margen de los demás. Los suyos no lo recibieron, por ello su trono fue un pesebre, su palacio un establo, su compañía un buey y una mula… ¡Por algo, hermanos, quiso Dios que fuera así!

Hoy, María y José, siguen llamando a nuestra puerta. Siguen pidiendo posada, trabajo, acogida en los rostros de tantos hermanos nuestros que necesitan de nosotros. Pobres, inmigrantes, hombres y mujeres desesperados, sin sentido… Hombres, mujeres, niños, jóvenes y mayores, que han negado la posibilidad de encontrarse con Dios, que reniegan de su condición de hijos de Dios, porque nosotros no lo testimoniamos con nuestro modo de vivir. "Y sabrán que sois discípulos míos, si os amáis los unos a los otros como yo os he amado".

Como lo expresa el profeta Isaías: nos ha nacido un niño que con su luz vence nuestras tinieblas, que traerá alegría, gozo, justicia y paz sin límites. Dios "ha desnudado su santo brazo a la vista de todas las naciones", se ha "remangado" y ha mostrado su poder, ha "echado un pulso" al mundo y ha vencido, es "maravilla de consejero, Dios guerrero, Padre perpetuo, príncipe de la paz". Pero lo ha hecho a su estilo, en un pueblecito escondido del mapa, en el seno de una familia humilde, en un pesebre pobre y rodeado de la gente sencilla, los pastores. Así nace Dios. "¡Hoy nos ha nacido el salvador, el Mesías, el Señor!". ¡Dejémosle sitio en la posada de nuestra vida!

Demos gracias a Dios porque, sin dejar de ser Dios, se hace hombre. Porque, ello, nos lleva a ser mensajeros de esta gran noticia. A cambiar el mundo con la fuerza del amor, del perdón, de la alegría y de la ilusión. Ese es el secreto de la Navidad: Dios se hace presente en el mundo para salvarlo, para ser fuente inagotable de gracia y de ternura, de perdón y de felicidad.

Que al contemplar al Dios Niño nuestras conciencias se vean interpeladas: el que es Todopoderoso, entra al mundo por la "puerta de atrás", de la humildad. El que lo tiene todo, aparece ante nosotros desnudo. El que, en el cielo habitaba entre ángeles, gloria y majestad, nace en el mundo en medio de la soledad, la indiferencia o la frialdad. ¿Por qué nosotros -siendo menos que Dios- no optamos por seguir su ejemplo?

Es un contrasentido que estos días todos nos deseemos paz y felicidad, cuando en nuestro mundo siguen habiendo desdichas, guerras, enemistades y muchas carencias, nos sólo en lo material sino también en lo afectivo y moral. Todo ello es porque el mundo, los hombres aún no hemos comprendido el gran misterio de la Navidad; que la razón, el sentido de nuestras vidas, la auténtica felicidad nos la da Jesús; que la paz, el modo de sentirnos definitivamente hermanos es reconociendo en Jesús al Hijo de Dios mediante el cual todos somos hermanos.

De corazón, con espíritu cristiano, yo os animo a vivir con dicha, paz y felicidad, el gran acontecimiento del Nacimiento de Dios; y a ser portadores a todos los hombres de esa inmensa luz que ilumina la existencia de todo ser humano.

Que la Palabra que es luz verdadera nos alumbre y que acampe en nuestro ser.

Que así sea

  • primera lectura: Lectura del libro de Isaias 52, 7 - 10

     ¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la Buena Nueva, que pregona la victoria, que dice a Sión: "¡Tu Dios es rey!" Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara al Señor, que vuelve a Sión.

    Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, que el Señor consuela a su pueblo, rescata a Jerusalén; el Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones, y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios.

    Palabra de Dios.

  • salmo responsorial: Salmo 97

     R.- LOS CONFINES DE LA TIERRA HAN CONTEMPLADO LA VICTORIA DE NUESTRO DIOS.

     

    Cantad al Señor un cántico nuevo,

    porque ha hecho maravillas:

    su diestra le ha dado la victoria,

    su santo brazo. R.-

     

    El Señor da a conocer su victoria,

    revela a las naciones su justicia:

    se acordó de su misericordia y su fidelidad

    en favor de la casa de Israel. R.-

     

    Los confines de la tierra han contemplado

    la victoria de nuestro Dios.

    Aclama al Señor, tierra entera;

    gritad, vitoread, tocad. R.-

     

    Tañed la cítara para el Señor,

    suenen los instrumentos:

    con clarines y al son de trompetas,

    aclamad al Rey y Señor. R.-

  • segunda lectura: Lectura de la carta a los Hebreos 1, 1 - 6

     En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo. Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de su majestad en las alturas; tanto más encumbrado sobre los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado. Pues, ¿a qué ángel dijo jamás: "Hijo mío eres tú, hoy te he engendrado", o: "Yo seré para él un padre, y él será para mí un hijo"? Y en otro pasaje, al introducir en el mundo al primogénito, dice: "Adórenlo todos los ángeles de Dios."

    Palabra de Dios

  • evangelio: Lectura del Santo Evangelio según San Juan 1, 1 - 18

     En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.

    Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.

    La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.

    Juan da testimonio de él y grita diciendo:

    -- Este es de quien dije: "El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo."

    Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

    Palabra del Señor

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