Parroquia

Nuestra Señora de los Ángeles

Serra, Valencia

"Por esto, queridos hermanos, manteneos firmes, inconmovibles, trabajando más y más en la obra del Señor, sabiendo que el Señor no dejará sin recompensa vuestro trabajo"
San Pablo (1 Cor. 15, 57)

Homilías

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Homilia Solemnidad de la Inmaculada Concepcion de la Virgen Maria. Segundo de Adviento

Una de las cosas que se nos enseña, o debería enseñársenos, desde pequeños es la obediencia. Obedecer es cumplir la voluntad de quien manda, sean los padres, educadores, autoridades, etc. Y a los desobedientes, a los que no hacen lo que ordenan las leyes o quienes tienen autoridad se les muestra como un mal ejemplo. Por supuesto, no hay que confundir obediencia con sumisión, con imposición, ni se trata de una obediencia ciega. La obediencia debe ser un acto voluntario, porque se entienden las razones por las que se nos pide o, aun sin entender las razones, la persona que nos pide obediencia merece nuestro respeto y confianza y por eso cumplimos su voluntad.

Hoy estamos celebrando la fiesta de la Inmaculada Concepción de María y en este II domingo de Adviento la contemplamos como modelo de obediencia en la fe. En la oración colecta hemos dicho: preparaste a tu Hijo una digna morada y… la preservaste de todo pecado. Podríamos pensar que por esa distinción de que fue objeto María, no le quedaba más remedio que obedecer lo que Dios por medio del ángel Gabriel le pedía, que estaba obligada a decir hágase en mí según tu palabra.

Pero si María es modelo de obediencia en la fe es por su aceptación libre de la voluntad de Dios, más allá de que hubiera sido inmaculada en su concepción. Toda la grandeza de María arranca desde la fe. A veces nos ha parecido que humanizarla era quitarle su grandeza y María es una mujer que se ve obligada a superar trances difíciles, y lo hace desde la obediencia de la fe.

Una fe que no se apoya en verdades teóricas. Ella no entendía demasiado de las verdades teóricas; sólo lo elemental de una buena creyente judía. Pero sí entiende que la fe hay que transformarla en confianza y en fidelidad a Dios.

Su hágase en mí según tu palabra no es una profesión de fe, un "credo", una afirmación como "yo me creo esto". Su respuesta es una
obediencia fiel, un compromiso con el Misterio de Dios. Es una adhesión incondicional sin aclaraciones, sin chantajes, simplemente se fía de Dios: Hágase en mí.

Y también hemos pedido: concédenos por su intercesión llegar a Ti limpios de todas nuestras culpas. Nosotros también estamos llamados a la obediencia de la fe, como María. Es cierto que nosotros no somos "inmaculados", pero no estamos pretendiendo un imposible, podemos alcanzar esa meta porque como hemos escuchado en la 2ª lectura: Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo… nos eligió en la Persona de Cristo… para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Dios Padre nos llama por Cristo para que vivamos, como María, en la obediencia de la fe. Y no nos está imponiendo nada, ni coartando nuestra libertad, porque el amor es el camino y el por qué de la obediencia de la fe, y el amor no se impone, debe brotar de nuestro convencimiento interior.

Es cierto que hay cosas que no entendemos, que como María también preguntamos ¿cómo será eso…? Pero Dios nos ha dado pruebas más que suficientes para confiar y tener fe en Él y en su amor y por eso aceptar el Misterio que es Dios y decir también como María hágase en mí…

Nuestra fe no puede ser sólo teórica. Es cierto que necesitamos los contenidos de la fe para saber dar razón de lo que creemos. Pero la fe "creída", nos ha de llevar a vivir en esa confianza plena que tuvo María, en esa obediencia de la fe que ella tuvo y decir convencidos hágase en mí…
Y el Señor, por su Espíritu, nos dirá lo que tenemos que hacer en cada momento, no podemos entenderlo todo ahora como María no lo entendió, aunque fue inmaculada en su concepción. Él nos enseñará a actualizar la Palabra de Dios.

En este tiempo de Adviento, hoy Dios nos muestra a María, la Inmaculada Concepción, para que como ella, con libertad, obedezcamos en la fe, por amor, para que digamos hágase… y sepamos estar allí donde Dios quiere que estemos, sabiendo que ése es el camino para llegar a Él limpios de todas nuestras culpas, siempre contando con la intercesión de María en su Inmaculada Concepción.

  • primera lectura: Lectura del libro del Génesis 3, 9 - 15. 20

    Después que Adán comió del árbol, el Señor llamó al hombre:

    -- ¿Dónde estás?

    El contestó:

    -- Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí.

    El Señor le replicó:

    -- ¿Quién te informó de que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol que te

    prohibí comer?

    Adán respondió:

    -- La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto, y comí.

    El Señor dijo a la mujer:

    -- ¿Qué es lo que has hecho?

    Ella respondió:

    -- La serpiente me engañó, y comí.

    El Señor Dios dijo a la serpiente:

    -- Por haber hecho eso, serás maldita entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón.

    El hombre llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.

    Palabra de Dios

  • salmo responsorial: Salmo 97

    R.- CANTAD AL SEÑOR UN CÁNTICO NUEVO, PORQUE HA HECHO MARAVILLAS.

     

    Cantad al Señor un cántico nuevo,

    porque ha hecho maravillas:

    su diestra le ha dado la victoria,

    su santo brazo. R.-

     

    El Señor da a conocer su victoria,

    revela a las naciones su justicia:

    se acordó de su misericordia y su fidelidad

    en favor de la casa de Israel. R.-

     

    Los confines de la tierra han contemplado

    la victoria de nuestro Dios.

    Aclama al Señor, tierra entera;

    gritad, vitoread, tocad. R.-

  • segunda lectura: Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 15, 4-9

    Hermanos:

    Todas las antiguas Escrituras se escribieron para enseñanza nuestra, de modo que entre nuestra paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza. Qué Dios, fuente de toda paciencia y consuelo, os conceda estar de acuerdo entre vosotros, como es propio de cristianos, para que unánimes, a una voz, alabéis al Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo.

    En una palabra, acogeos mutuamente como Cristo os acogió para gloria de Dios. Quiero decir con esto que Cristo se hizo servidor de los judíos para probar la fidelidad de Dios, cumpliendo las promesas hechas a los patriarcas y, por otra parte, acoge a los gentiles para que alaben a Dios por su misericordia. Así dice la Escritura: "Te alabaré en medio de los gentiles y cantaré a tu nombre."

    Palabra de Dios

  • evangelio: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 1, 26 - 38

    En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo:

    -- Alégrate, llena de gracias, el Señor esta contigo.

    Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo:

    -- No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.

    Y María dijo al ángel:

    -- ¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?

    El ángel le contestó:

    -- El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.

    María contestó:

    -- Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.

    Y la dejó el ángel.

    Palabra del Señor

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