Parroquia

Nuestra Señora de los Ángeles

Serra, Valencia

"Tres cosas hay que permanecen: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más grande de las tres es el amor"
San Pablo (1 Cor. 13, 13)

Homilías

< Volver

Homilia Cuarto Domingo de Adviento

El tiempo de Adviento por una parte, nos prepara para acoger más hondamente la venida de Dios a nuestra historia en Jesús de Nazareth; por otra, alienta nuestra esperanza en su venida plena.

Las lecturas del primer domingo de Adviento se centraban en esa venida definitiva que esperamos para el final de los tiempos y que será también la plenitud de toda la creación y de la historia humana. Pero conforme han pasando las semanas, las lecturas han ido concentrando nuestra mirada en el acontecimiento que dentro de unos días vamos a celebrar.

Hoy, en este último domingo antes de Navidad, todo apunta ya al nacimiento de Jesús, a la entrada de Dios en nuestra historia hecho carne, como uno de nosotros, la manifestación "hecha carne" de la bondad y el amor de Dios a la humanidad. Se nos dice quién es el que va a venir. O mejor, quién es el que está ya en medio de nosotros y cómo lo encontramos.

Hoy, nos fijamos en la figura de María, la virgen encinta. Y también en José, su esposo.

María y José abiertos a un Dios que se manifiesta de un modo extraño, incomprensible. Ellos son auténticos creyentes. De eso nos habla el Evangelio de hoy.

Hay una gran diferencia entre la persona que se dirige a Dios para "exigirle" pruebas de su existencia cuando se encuentra en apuros, y la persona que sabe reconocer a través de la fe el paso del Señor por su vida.

La primera es una persona que utiliza la religión como un producto más del supermercado, sólo se dirige a Dios cuando lo necesita: "quiero cuarta y mitad de salud", "a mi me pones un kilo ("i la caigudeta") de fortuna y éxito", "yo no pido nada para mí, pero que mis hijos....".

Los auténticos creyentes son otra cosa, saben identificar la presencia de Dios en sus vidas, y son personas agradecidas a su acción salvadora. No exigen nada, se entregan ellos mismos al misterio de la fe y lo ponen todo en manos de Dios. José y María pertenecen a este segundo grupo, el de los auténticos creyentes, porque confían plenamente en Dios.

El auténtico creyente es también el que hace una lectura creyente de la realidad que le toca vivir.

El Vaticano II nos enseño a saber identificar "los signos de los tiempos", interpretando lo que pasa en nuestro mundo desde la óptica de la fe. María y José supieron identificar la "señal" anunciada por el profeta: "la Virgen está encinta y da a luz un hijo y le pondrá por nombre Enmanuel, que significa "Dios con nosotros".

Ante el más mínimo contratiempo nuestra fe vacila. Sin embargo, María y José, pusieron su confianza en Dios, a pesar de que, humanamente hablando, todo pareciera absurdo.

José y María eran conscientes de que serían incomprendidos, de que su fama iba a ser puesta en entredicho. María no comprendía, pero dijo "sí" a Dios por medio del ángel. A José le costaba entender lo que estaba sucediendo con María, es verdad que vaciló al principio, pero después "hizo lo que le había mandado el ángel y se llevó a casa a su mujer". Los dos nos dan ejemplo de fe, de lectura creyente de lo que pasaba por sus vidas. ¿Dónde me sitúo yo?, ¿cómo estoy viviendo actualmente mi relación con Dios?, ¿cómo es mi fe, confiada o interesada?

El auténtico creyente tiene conciencia de que Dios está con nosotros.

María y José vivieron con esperanza y lo demostraron, porque movidos por ella superaron todas las dificultades de la vida.

La capacidad de escucha, de confianza en Dios y de aceptación de su voluntad que tuvieron María y José debe ser para nosotros un ejemplo que nos anime a superar todos nuestros problemas.

Si acogemos de verdad a este Jesús y le dejamos ser Dios-con-nosotros, si nos decidimos a adentrarnos por los vericuetos de nuestra débil existencia cogidos de su mano, si aceptamos su invitación a caminar desde abajo y en solidaridad con nuestros hermanos… entonces, podremos experimentar su salvación y abrir también espacios de salvación para otros.

Porque este Jesús, Dios humanado, "nacido según la carne de la estirpe de David" —como nos ha dicho el apóstol Pablo en la Segunda Lectura—; "constituido según el Espíritu Santo, Hijo de Dios con pleno poder por su resurrección de la muerte" es "Jesucristo, nuestro Señor", aquel que ha triunfado sobre la muerte con la fuerza del amor y no con el poder. Aquel en quien todo cobra sentido.

La Navidad, hermanos, está ya ahí, ni decir cabe ya se palpa. Dios ya sale a nuestro encuentro. Apuremos estas últimas horas. Preparemos, por supuesto, el encuentro familiar: la mesa, los dulces, el calor, el belén o el árbol. Pero, que entre todo ello, no olvidemos lo más importante: Dios para nacer necesita de un corazón bien dispuesto.

Que cuando llegue en las próximas horas encuentre también una oración en nuestras casas. Que los villancicos sean un distintivo musical de estas jornadas, que además de familiares, son días de fe. En definitiva, ya que Dios sale a nuestro encuentro en un Niño que se mueve en los fondos de santa María, que salgamos también nosotros alegres, llenos de fe, preparados, convertidos y dispuestos a que sean unas navidades santas y cristianas. Que Jesús encuentre en nosotros auténticos creyentes.

Que así sea.

  • primera lectura: Lectura del libro de Isaias 7, 10 - 14

     En aquellos días, dijo el Señor a Acaz:

    --Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo.

    Respondió Acaz:

    --No la pido, no quiero tentar al Señor.

    Entonces dijo Dios:

    --Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel (que significa "Dios-con-nosotros")

    Palabra de Dios

  • salmo responsorial: Salmo 23

     R.- VA A ENTRAR EL SEÑOR: ÉL ES EL REY DE LA GLORIA

    Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
    el orbe y todos sus habitantes: Él
    la fundó sobre los mares,
    él la afianzó sobre los ríos. R.-

    ¿Quién puede subir al monte del Señor?
    ¿Quién puede estar en el recinto sacro?
    El hombre de manos inocentes
    y puro corazón. R.-

    Ése recibirá la bendición del Señor,
    le hará justicia el Dios de salvación.
    Éste es el grupo que busca al Señor,
    que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R.-

  • segunda lectura: Comienzo de la carta del Apostol San Pablo a los Romanos 1, 1 - 7

     Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, escogido para anunciar el Evangelio de Dios. Este Evangelio, prometido ya por sus profetas en las Escrituras santas, se refiere a su Hijo, nacido, según la carne, de la estirpe de David; constituido, según el Espíritu Santo, Hijo de Dios, con pleno poder por su resurrección de la muerte: Jesucristo, nuestro Señor. Por él hemos recibido este don y esta misión: hacer que todos los gentiles respondan a la fe, para gloria de su nombre. Entre ellos estáis también vosotros, llamados por Cristo Jesús. A todos los de Roma, a quienes Dios ama y ha llamado a formar parte de los santos, os deseo la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.

    Palabra de Dios

  • evangelio: Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 1, 18 - 24

     El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:

    María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

    José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:

    -- José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.

    Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, (que significa "Dios-con-nosotros").» Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.

    Palabra del Señor

Parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles. Serra, Valencia
Plaza de la iglesia 2 · 96 168 84 21 · info@parroquiaserra.es

aviso legal
desarrollado por: tresdoble
Uso de cookies
Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia de navegación, y ofrecer contenidos y publicidad de interés. Al continuar con la navegación entendemos que se acepta nuestra política de cookies. Acepto